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ARTICULO TOMADO DE LA REVISTA FEDEQUINAS
Marzo - Mayo 2007 N° 46

Los caballos tienen la facultad de aprender a discriminar las secuencias sonoras de sus pasos. Esta investigación demuestra empíricamente esta afirmación.

Por: Duilio Cruz Becerra
Psicólogo, Magíster en neurociencia, c.PhD en neurociencias. Director de Investigaciones, Escuela de Tecnologías, Universidad Católica de Colombia. E-mail:
duilio.cruz@gmail.com

Hernando Altaboná Suárez
Médico, Internista, Nefrólogo, vicepresidente Científico Organización Sánitas Internacional, vicerrector de la Fundación Universitaria Sanitas. Propietario del criadero la Portada, Cajicá, Colombia.


En el marco de una amplia investigación sobre el comportamiento de los caballos de paso colombianos, el primer objetivo que se planteó fue establecer si los de Paso Fino pueden discriminar entre las secuencias sonoras que generan los cuatro andares: Paso Fino, Trocha, Trote Reunido y Galope Reunido. En otras palabras, si un caballo fino es capaz de diferenciar su ta-ca-ta-ca… del tras-tras… del tas-tas…y del ca-tor-ce.. Muchas personas habrán escuchado a expertos caballistas asegurar que el buen caballo, al final, termina por escucharse o que después de varios años de trabajo le gusta hacer su tarea y termina queriendo pasar por tablas para oír su paso. Se puede asumir una de estas afirmaciones de feria como solución a la inquietud planteada inicialmente. No obstante, hoy por hoy, aquellas respuestas que no tengan soporte experimental impiden la formulación de nuevas preguntas y, por tanto, la posibilidad de generar técnicas y tecnologías que ayuden a mejorar los procesos, cualquiera que estos sean.

Pero ¿por qué el interés en la discriminación auditiva del caballo colombiano? En primer lugar, porque no existen resultados de investigaciones científicas que den luces sobres este tema en razas colombianas; es más, no existe un solo profesional colombiano que figure en el directorio internacional de investigadores del comportamiento equino (dato lamentable para un país en el cual se pueden identificar varias razas de caballos). Y segundo, porque en evidente para los estudiosos del sistema nervioso que el cerebro, a la hora de aprender, trabaja con la información proveniente de todos sus canales sensoriales. Esto quiere decir que si el caballo tiene un sistema auditivo capaz de discriminar la secuencia sonora de su paso, se podrían utilizar estímulos auditivos que coadyuven en el aprendizaje motriz para el cual son criados y adiestrados.

Y ¿para qué complicar los procedimientos de la chalanería con estímulos sonoros? Por un lado, para tratar de contrarrestar el imperante dicho “de mil uno y de cien ninguno”. Mucha gente está de acuerdo en que durante las primeras fases de la doma se “pierde” un buen número de animales. Por otro lado se debe tener en cuenta que en términos generales, todo el entrenamiento del equino se desarrolla con base en una relación táctil entre jinete y caballo: fuerzas desequilibrantes sobre el lomo y presiones en varias partes de su cabeza y tronco del animal. Esta práctica está basada en una concepción mecanicista del equino desde la cual, si se le aplica un estímulo al caballo, este debe reaccionar de una forma determinada. Si no lo hace como el jinete lo espera, automáticamente se incrementa la intensidad del estímulo, lo cual conduce, con alto grado de probabilidad, al uso del maltrato y a la aparición de verdaderas conductas defensivas (tanto del jinete como del caballo). En este sentido siempre serán bienvenidos los aportes de la ciencia que impacten positivamente las prácticas tradicionales de la equitación o chalanería. Un ejemplo significativo que viene al caso fue el surgimiento de los “susurradores de caballo” en los 70, quienes utilizando los fundamentos teóricos del aprendizaje y los etogramas equinos, producto de investigaciones básicas dentro de la psicología y etología, domaban los caballos sin ningún tipo de artilugio ni práctica tradicional.

Estudiar científicamente el comportamiento de los caballos de paso colombianos es también una necesidad del renglón equino, dado que solamente se puede avalar una raza si se comprueba la heredabilidad de una manifestación fenotípica particular, tal como la secuencia y el control motor de las extremidades. En tal caso, se debe ahondar en la descripción de todas las características fisiológicas, morfológicas y perceptuales que puedan contribuir a describir adecuadamente el animal en estudio. Los resultados de este proceso deberían incidir en la validación de pruebas que permitan seleccionar los mejores ejemplares a temprana edad y las mejores prácticas de crianza y adiestramiento; un objetivo que, aún en países con profunda tradición equina como Francia, son temas de investigación (ver las líneas de trabajo sobre genética y comportamiento del Instituto nacional de investigaciones agronómicas (INRA) Unidad de psicología conductual y del Centro Nacional de investigación científica (CNRS), Departamento de Psicología Animal.

De la audición equina se han estudiado tres aspectos fundamentales: la audiometría, anatomía y fisiología del sistema auditivo. En cuanto a la audiometría, que es el aspecto más cercano a la discriminación auditiva, se sabe, entre otras cosas, que pueden escuchar frecuencias entre 55 Hz y 33.5Hz, y ubicar la fuente del sonido en un rango angular de 22 a 30 grados. Los caballos son más sensibles a la frecuencias que están entre 1 y 16 KHz y no existen diferencias en la audición de yeguas y capones, pero sí entre caballos jóvenes y viejos; estos últimos experimentan disminución en la capacidad para oír sonidos de alta frecuencia. Los equinos muestran mayor percepción auditiva frente a sonidos complejos compuestos de altas frecuencias, como aquellos generados por las máquinas.

Los sonidos que generan los andares equinos colombianos se han analizado a la luz de conceptos musicales, como ritmo, cadencia, melodía y armonía. Posiblemente los dos primeros tengan un referente menos subjetivo que permita acordar parámetros de comparación. Según el DRAE, el ritmo es “la proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente”, y la cadencia, “una serie de sonidos o movimientos que se suceden de un modo regular o medido”. No obstante, el concepto de ritmo, en otros contextos, como el lenguaje radiofónico, hace referencia a la repetición periódica de un mismo elemento sonoro, regulado por las pausas, la melodía y la armonía. Estos conceptos, útiles para la descripción de la música, se convierten en fuentes de discusión subjetiva a la hora de juzgar la sonoridad en un ejemplar equino, cualquiera que sea su paso, pero también en origen de preguntas experimentales de investigación alrededor de los caballos.

Si se asume que el golpe de una o dos extremidades con el suelo produce un pulso sonoro, o lo que es igual, una alteración súbita del aire, generalmente con una duración menor a un segundo, entonces podemos abordar los tradicionales monosílabos (ta-ca-ta-ca, tras-tras, tas-tas y ca-tor-ce) como secuencias de pulsos sonoros que guardan una regularidad propia de cada paso y animal (Fig. 1).En realidad, estas secuencias pueden estudiarse bajo el concepto de estructuras figurales o agrupamiento de pulsos contiguos temporalmente, pero separados por silencios. El humano puede discriminar las unidades y variaciones de los trenes de pulsos sonoros; no obstante, esta facultad no está estudiaba equinos, y es ahí donde nacieron las preguntas de investigación cuyas repuestas se irán divulgando a través de escritos como este.


Para este estudio se eligieron dos animales machos adultos (5 y 6 años) cuyo árbol genealógico muestra una rigurosa descendencia de Paso Fino (Fig.2). Su entrenamiento, al momento del experimento, dejó ver una ejecución correcta del paso. No se encontraron antecedentes que hubieran comprometido sus sistemas auditivo y nervioso. Los dos ejemplares fueron habituados, consecutivamente, a vivir en un espacio de 500 m2 con disponibilidad de agua y pasto kikuyo o heno, y a permanecer durante dos horas, una al inicio de la mañana y otra al final de la tarde, en una pesebrera de 9 m2 en la cual se le suministraba alimento granulado a través de un dispensador automático y programable. Posteriormente aprendían a accionar una palanca para recibir comida (Fig.3), siempre que estuviera presente el sonido del Paso Fino, el cual se presentaba en intervalos de 30 segundos separados por otros 30 de silencio parcial, y así hasta completar la hora de cada sesión. Esta fase se culminaba cuando el índice de discriminación por sesión ascendía al 90%, es decir, cuando por cada 100 respuestas en presencia del Paso Fino, se emitían no más de diez durante los periodos de silencio.

Para presentar los sonidos se utilizó un computador portátil con amplificador y dos parlantes. Las respuestas del caballo en presencia y ausencia del sonido de Paso Fino se registraban en contadores de eventos manejados por temporizadores comerciales y un circuito microcontrolado que también administraba el dispensador de comida (Fig.4).

En la siguiente fase del procedimiento se presentaban secuencias de 20 segundos de paso fino seguidos por otros 20 de trote. Las respuestas ante el paso fino tenían como consecuencia el suministro de una porción de comida (6 gr), y las respuestas ante el trote se castigaban volviendo a cero el conteo de los 20 segundos del trote. Una vez alcanzado el 90% de discriminación se pasaba al siguiente nivel de complejidad, en el cual la presentación de los estímulos se hacía mezclando al azar periodos de 10 segundos de Paso Fino y 10 segundos de trote, separados por 10 segundos de silencio. De esta manera se excluía la posibilidad de que el animal estuviera discriminando periodos de tiempo determinados por un sonido y no el sonido mismo de los pasos. Además, las secuencias de fino, trote y silencio se establecían haciendo triadas; una compuestas de dos periodos de fino y uno de trote, y la segunda, compuesta de dos periodos de trote y uno de fino. Así, el azar podía disponer de hasta tres periodos continuos de un mismo sonido aunque siempre separados por silencios. 



Una vez alcanzado el 90% de discriminación, se fraccionaban los periodos de 10 segundos en dos de cinco separados por 5 segundos de silencio, y nuevamente se le presentaban al azar, reforzando con comida, las respuestas emitidas en los periodos de Paso Fino. De esta manera se descartó cualquier enmascaramiento del aprendizaje temporal sobre la discriminación auditiva de los diferentes pasos del caballo colombiano.

El mismo procedimiento planteado para comparar el Paso Fino con el Trote, se utilizó para la Trocha y el Galope. No sobra aclarar que las sesiones con secuencias de 20 segundos para uno y otro paso se mezclaron entre sí, hasta que el animal alcanzaba el 90% de discriminación en algunas de las duplas. Así se equilibraba el efecto que pudiera tener el aprendizaje de un tipo de discriminación en otro. De igual forma se distribuyeron equitativamente las sesiones para la mañana y la tarde, con el fin de evitar posibles efectos motivacionales derivados de la hora del día.

Los resultados muestran que los dos caballos de Paso Fino necesitaron 28 y 30 sesiones de una hora, en las cuales accionaron la palanca 6.809 y 6.616 veces, para aprender (90% de eficacia) que solo en presencia de la secuencia sonora correspondiente a su desplazamiento, el palanquear traía como consecuencia la disponibilidad de comida. No obstante, la similitud en el promedio de respuestas por sesión, 220 y 228 respectivamente, el caballo que más accionó la palanca (CABALLO 2) fue aquel que solo desde la duodécima sesión dejó de cometer más errores (palanquear cuando no estaba sonando su paso) que aciertos (palanquear en presencia del paso fino)(Fig. 5). Para el otro ejemplar (caballo 1) únicamente en la primera sesión los errores superaron a los aciertos (Fig.6).

 

Pese a las diferencias evidente entre ambos caballos durante las primeras sesiones, la tendencia a cometer menos errores a lo largo del experimento es muy similar en los dos ejemplares (Fig. 6).
En la figura 7 se muestran los errores y aciertos de cada animal cuando tuvieron que elegir los periodos de 20 segundos en los que sonaban el Paso Fino, y no los periodos de trote, galope o trocha, como condición para palanquear y obtener comida. 

El caballo 2, considerado como de más brío por sus montadores, presentó mayor regularidad en el proceso de aprendizaje de la discriminación; solo en las dos primeras sesiones de cada paso mostró alto grado de equivocación. En los dos caballos, el número de sesiones que requirieron para lograr una discriminación igual o superior al 90%, fue similar: 6 y 5 para el trote, 9 y 10 para el galope y 16 y 14 para la trocha. Esto permite inferir que el grado de dificultad para discriminar el Paso Fino de la trocha es superior respecto al trote y al galope.

En las figuras 8 y 9 se evidencia cómo después de aprender a discriminar el Paso Fino en periodos de 20 segundos los ejemplares continuaron con esta tendencia, a pesar de incrementar la dificultad de la tareas al reducir a 10 y 5 segundos los periodos de presentación de los pasos.
En la figuras 8 también se aprecia cómo el caballo 2 demoró el doble que el caballo 1 en discriminar los periodos de 10 segundos de Paso Fino frente a la Trocha y el Trote. Una relación inversa se muestra en la figura 9. No obstante, estas diferencias son irrelevantes dado que el nivel de discriminación se mantuvo por encima del 70% en los dos caballos durante las transiciones de un periodo otro (Fig 10).

Saber si los caballos de Paso Fino pueden aprender a discriminar el sonido característico de su desplazamiento, del Trote, Trocha o Galope, es responder a una pregunta de transición sobre el cual se yerguen muchos otros interrogantes que podrían aportarles elementos de juicio a los entrenadores del caballo de paso. Tal vez, se debería comenzar el entrenamiento del potro desde su nacimiento, procurándole un ambiente sonoro que faculte su sistema nervioso, de tal forma que el animal tenga un referente de comparación a la hora de comenzar a escuchar su paso sobre pisos duros. Esto no debe confundirse con la habituación, que buscan muchos entrenadores de otras razas al utilizar métodos de improntación, consistentes en manipular el recién nacido para que posteriormente se facilite el proceso de la doma. No sobra aclarar que dicho procedimiento es inadecuado para el caballo de paso colombiano, debido a que genera disminución en los umbrales de activación fisiológica frente a las ayudas, todas de índole táctil, lo cual se puede reflejar en la falta de brío al llegar a la adultez.

La facultad, demostrada empíricamente, que tienen los caballos de aprender a discriminar las secuencias sonoras de sus pasos, les brinda la oportunidad a los entrenadores de generar entornos adecuados que le permitan al caballo trabajar motivado por eventos reforzantes como el descanso, la comida, la cercanía a otros equinos de sexo opuesto o alguna bebida predilecta; siempre que el animal alcance el criterio de ejecución correcta de su paso, para lo cual resulta altamente eficiente el uso de la sonoridad de la marcha como estímulo discriminativo. Es decir, aquel sonido asociado a su motricidad que le permite establecer cuándo se está moviendo correctamente. Aquí, desde luego, quien puede orientar adecuadamente la conducta del caballo es el montador experimentado.

Hablar de entornos adecuados es hablar de un conjunto de eventos (sonidos, alimento, tipo de suelo, ubicación de otros caballos, el entrenador y los estímulos táctiles que a través de aperos ponen en comunicación al jinete con el caballo) sigilosamente seleccionadas por los chalanes, quienes conducen al ejemplar a ejecutar el paso, que en muchos casos, no se avista en el desplazamiento del caballo en libertad.

¿Por qué no acompañar el entorno de un potro con los sonidos característicos de su marcha, asociados a la satisfacción de necesidades básicas como el comer, beber o descansar? Antropomorfizando la situación, sería asimilar a lo que se hace con los niños para que aprendan un ritmo musical, en cual se convertirá en un facilitador de los movimientos corporales que acompañarán las melodías.

Toda propuesta relacionada con cambios o modificaciones al proceso tradicional de “arreglar” un caballo de paso colombiano implica la comprensión científica de las posibilidades que tiene su sistema nervioso y el buen uso de conceptos y resultados experimentales de las ciencias del comportamiento a propósito de los Equus Caballus.

 


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